A mi equipo: mi entrenador y mis fisios.

Autor: Jacobo Llanza, el verdadero relato de mi maratón de Nueva York

¿Cómo podía pasar? Me petó el tobillo!!! Y, lo peor, es que muy pronto, en el km 17 de carrera.

Hasta ese momento todo había salido muy bien, iba sobrado, a un ritmo medio de 4:45 sin forzar nada y con muy buenas sensaciones y ganas de comerme el mundo y hacer una buena marca (posibilidad de bajar de 3:30 horas). Aunque el tobillo mandaba pequeñas señales de molestia, éstas eran las mismas que he tenido las últimas tres semanas y las que tenía andando el día anterior. Nada que no se pudiera aguantar. Además, la contractura del gemelo que sufría en la otra pierna iba perfecta, porque se había recuperado bastante gracias a vuestros consejos.

jacoboPero durante la carrera, de repente noté un pinchazo muy fuerte en el lado izquierdo posterior del tobillo y ya no podía pisar porque me “quemaba” el pie con el contacto con el suelo.

Me paré en uno de los centros ambulatorio que habilitan en las carreras, pero lo único que me dieron fue aspirina, hielo y un vendaje. Después de unos minutos con el hielo, me volví a calzar la zapatilla ante el asombro del médico, que me decía que me retirara de la competición porque tenía derrame y el tobillo estaba hinchado.

Y la verdad es que con el pie ya en frío fue mucho peor tratar de realizar cualquier movimiento y casi no podía ni andar. ¿Pero cómo no me iba a quedar ahí tirado? Entonces decidí empezar a paso corto, con mucha cadencia y tratando de apoyar poco el talón izquierdo. Poco a poco, el pie se me volvió a calentar y, aunque con bastante dolor, seguí corriendo a ‘trote cochinero’ a ritmo ya de 5:30-5:45.
En el km 20, otra vez volvía el dolor inaguantable y tuve que realizar la segunda parada en el ambulatorio. Ahí sí que pensé que se acababa la carrera. Otra vez, ni spray (tipo Réflex o algo parecido que pensaba que podían tener), ni nada. Me quitaron el vendaje anterior, que no era óptimo. Fue entonces cuando les dije que me pusieran uno más grueso y almohadillado. Pero, ante mi asombro, llaman a la ambulancia para que me acerque al autobús de los deportistas retirados de la carrera que te conduce hasta Central Park. Les digo que ni en broma, que quiero tratar de seguir, pero me dicen que no. Y les convenzo de que me dejen salir de ahí, alegando que mi mujer está en el km 21 y que yo voy andando, cosa que no era verdad porque mi mujer e hijas estaban en el 26.
Salí andando y ya el dolor, la sensación de quemazón al pisar, eran como para que se te saltaran las lágrimas. Otra vez intenté calentar el pie y aguantar el dolor. Volvía a medio andar rápido/correr con trote cochinero, con el objetivo de llegar al k 26 y ahí si retirarme en el sitio donde estaba mi familia.
Esos 5 km fueron los peores porque el dolor era brutal y se me estaba empezando a cargar el gemelo de la otra pierna por ir cojeando. Mi ritmo: 6:00/6:30 con pasos muy cortos y tratando de levantar el pie izquierdo lo mínimo del suelo.

LA DECISIÓN DE NO RETIRARME

Pero claro, llegué al km 26 donde estaba toda mi familia pegando gritos y animando, me acerco y digo que me voy a retirar porque estoy roto y me mandan “al carajo” cariñosamente y me animan a que siga. ¿Qué iba a hacer? Había invitado a mi mujer y a mis cuatro hijos a Nueva York para el maratón y, aunque sabían que estaba lesionado… ¿Cómo iban a ver que tiraba la toalla?
Momento crucial de la carrera…miré al frente de la 1st Avenue y visualice a miles de corredores en esa recta larguísima de muchos kilómetros y me dije…”Si los toreros vuelven al ruedo después de que el toro les ha metido tres cornadas y están moribundos, no te vas a rajar tú ahora, delante de todos…a ver cómo les explico luego a mis hijos que hay que ser perseverante en la vida¡¡…

Me quedaban 16 km ( ahora que lo recuerdo y lo pienso, desde luego era para retirarse¡¡), pero tiré millas y a correr.

Los siguientes 10 kms, hasta el 35-36 fueron una mezcla de trote cochinero y ya, cuando el dolor era brutal, andar rápido. Como en esos kms ya hay muchos competidores que van andando, incluso me vine arriba adelantándolos con una cojera impresionante. Cuando conseguí hacer kms por debajo de 5:45-6:00 fue todo un subidón, como si en condiciones normales hubiera hecho ritmos de 4:45!!
No me quedan palabras para describir el dolor, a partir del km 36. Os lo creáis o no, he llegado a llorar, pero llorar de verdad, en algunos momentos. Y os aseguro que yo soy de los que aguanta bastante el dolor. Pero ésto era otra cosa. Sabía que si me paraba, no me iba a poder poner más en marcha y retirarme ya tan cerca de la meta después del calvario sufrido hubiera sido muy duro.
Casi ‘casco’ y se me acaba la carrera en el km 39, porque unos amigos me estaban animando y al pararme porque me estaban viendo la cara que llevaba y me preguntaron, el dolor me bloqueó las piernas. No podía mover el tobillo…no reaccionaba!!

Pero, por última vez, volví a ponerme en marcha y ya los últimos 3 kms, aunque el dolor era inenarrable, las ganas que tenía de llegar y alcanzar la gesta superaban con creces las molestias.

Este es el verdadero relato de mi maratón de NY: en unos míseros 4:15 horas, absolutamente fuera de mis cálculos y objetivo, que era 3:30. Incluso bajarlos viendo como llevaba la carrera hasta el k 17 de fácil y cómodo. Pero puedo asegurar que, aunque rabioso porque era mi día, el día soñado para haber hecho una gran marca, tras comprobar mi forma física y mi entrenamiento, estoy súper orgulloso de haber logrado terminar la carrera a raíz de todo lo que me ha pasado y he relato.

Estoy convencido de que ha sido la mayor hazaña deportiva (no sé si también la mayor locura, porque espero que no me haya hecho daño de verdad) que he hecho, porque en el 99% de los casos, yo o cualquier persona normal, se hubiera retirado y dejado de sufrir ese calvario brutal.

BUSCAR EL ORIGEN DE LA LESIÓN
A cambio, he conseguido sacar la “garra” que llevo dentro y que Jesús, mi entrenador, conoce, y por lo menos tengo ya mi primera medalla del maratón de NY.
Eso sí, esto no se queda aquí. Aunque ahora mismo me duele todo, estoy con antiinflamatorios, hielo y no puedo ni andar, tengo claro que pienso volver el año que viene a vengarme. Y eso significa bajar de 3:30, como tenía previsto.
Así que tenemos que encontrar el origen de esa lesión y cómo curarla. Porque ninguna de las medidas (infiltración, láser, hielo y baños de contraste) han sido capaces de mejorar el tobillo los últimos 14 días y al final, he tenido la mala suerte de que me ha petado.
Gracias a todos por vuestra colaboración durante mi entrenamiento.

Publicado por

patriciamatey

Periodista especializada en Salud, Medicina y Biociencia, con 21 años de experiencia en la sección de Salud del diario EL MUNDO.

Un comentario en “A mi equipo: mi entrenador y mis fisios.”

  1. No debiste hacerlo. Te has podido causar una lesión grave para muchísimo tiempo. Cuando el cuerpo nos avisa de que tenemos una lesión grave, de nada sirve hacerse el héroe, pues únicamente la haremos más grave todavía. Y te lo digo por experiencia propia, porque algo parecido, pero no con el tobillo, sino con ambas rodillas, me pasó hace cinco o seis años, y en vez de parar inmediatamente y ponerme calor cualquiera de las muchísimas otras cosas que podía haber hecho (pero ya detenido), me quise hacer el héroe conmigo mismo, y seguí corriendo durante casi hora y media más; y el grandísimo resultado es que tengo ambas rodillas destrozadas desde entonces. Y por más tratamientos que me he hecho, no puedo correr más de 10 o 15 minutos un par de veces por semana, porque el dolor es insoportable totalmente desde entonces. Mientras que antes de esa lesión con la que me quise hacer el valiente, solía correr cuatro días a la semana durante hora y media. En fin, ojalá nunca te ocurra lo mismo que a mí, y tu lesión tenga una curación rápida y total.

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